febrero 19, 2006

Víctimas de la culpa

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- ¿Alguien puede llegar a suicidarse por algo que no ha hecho?

La culpabilidad pesa toneladas. El hermano de esta mujer de que le estaba hablando no lo resistió más y se mató. Luego sólo vi suicidios de familiares directos de nazis... ¡Aunque ellos no habían hecho nada!

- ¿Existe terapia preventiva contra eso?

Yo sólo utilicé la psicodinámica: escuchar, escuchar y escuchar. Vaciarles, arrancarles eso tan profundo que les duele. Aunque no quieran. Cuando empecé a tratar a supervivientes los psicólogos iban perdidos. En los 70 introdujeron terapias especiales.

- Escoja un rasgo común entre personas de distintos países en situación similar.

Se niegan a hablar. Incluso a sus hijos.

- Usted ha tratado a miles de supervivientes. Sabrá por qué actuaban así.

Primero: creen que así les ahorran dolor. Segundo: no consiguen verbalizar el horror, no encuentran palabras, se bloquean. Pero sólo logran levantar un muro infranqueable.

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- Punto muerto.

¿Sabe por qué no se avanza? Porque unos y otros se han enquistado como víctimas. Cuando uno es víctima llega un momento en que se encuentra a gusto como tal, confortable en su rincón. Lo he visto muchas veces. Si eres víctima no puedes caer más abajo. Entonces, un día, dejas de asumir responsabilidades. ¡Hay que motivar a esa gente!.

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Dan Bar On, psicólogo israelí, profesor de conducta humana, entrevistado por Núria Escur en "La Contra" [La Vanguardia, 17 de febrero]

enero 31, 2006

Feliz en el recuerdo

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- Doctor: deme un consejito para ser menos desgraciado.


La felicidad tiene que ver con la capacidad de relativizar: la distancia que somos capaces de poner entre lo que nos sucede y lo que nos afecta. Distancia es la palabra. No puedes controlar lo que te sucede, pero sí que puedes decidir lo que te afecta.

- Más fácil decirlo que conseguirlo.

Lo consigues cuando sabes usar la inteligencia de la humildad para poner tus valores por encima de lo contingente. Y, desde esa distancia crítica, aprendes a gozar la satisfacción intelectual de dominar tus emociones y contemplar con lucidez tu paso por la vida.

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- Hay culturas que te hacen desgraciado.

Una escuela alemana considera la depresión como el reverso de la utopía. Las sociedades muy abiertas y libres creen que sufrirían menos depresiones si fueran más cerradas y ordenancistas, y las muy rígidas, en cambio, suelen pensar que serían más felices con más libertad y menos normas.

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- ¿Y usted cómo intenta ser feliz?

El absurdo ha dado mucho sentido a mi vida. Hoy sé que hay que contar con el absurdo para tratar de encontrar algún sentido a todo esto.

- ¿?

Vivimos en una especie de ruido constante, de cháchara ridícula para impedirnos pensar: mirar el rostro de la realidad y aceptarlo.

- No nos deprima.

Se deprimirá si no es capaz de hacer ese ejercicio. Sólo si sabe enfrentarse al vacío, y asumirlo, podrá vivir plenamente.

- Existencialismo.

Sentido común. En algún momento hay que mirar a nuestro destino a la cara...

- Todo sabemos cómo acaba eso, doctor.

Hay que aprender a mirarlo y, de nuevo, ganarnos la distancia: debemos descibrir que sólo somos un ser humano más de los que son y han sido, un congénere más de los que se han asomado al vacío. Sólo la contemplación del vacío llena la contemplación de la vida. Si no has estado allí, no estás acá.

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- ¿Por qué escribe?

Me ayuda a poner esa distancia de la que hablamos. El escritor, aunque crea que anticipa, sólo reescribe. Cuando usted se pregunta si es feliz, sólo será capaz de descubrir que fue feliz. Juzgue su propia vida y verá que lo que le pareció sufrimiento enamorado cuando su primer amor lo dejó tirado, en realidad, era pura felicidad.

- Siempre lo descubres demasiado tarde.

Ahí puede usted obtener esa satisfacción intelectual de la que hablamos. La contemplación de lo vivido, si es lúcida, objetiva, distante y generosa, depara momentos de genuina felicidad. Feliz sólo se es en el recuerdo.

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- ¿Su conclusión?

No soy un hombre de grandes conclusiones. Lo que me sorprendió del Prozac es que reafirmaba la confianza en uno mismo y eso me llevó a intentar averiguar por qué nuestra sociedad valora mucho más la autoconfianza y la fe que la duda razonable. Hoy el psicoanálisis se ha quedado sin base teórica. Antes la gente creía en Freud y en Edipo y la ernvidia de pene. Hoy es un saber difuso.

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- ¿No tenía miedo de revelarle secretos terribles de sus debilidades?

Por eso hay que psicoanalizarse joven, para no tener tantos pecados que revelar. No sé si ahora repetiría.

- Celebro su sentido del humor.

Es terapeútico, créame. La distancia irónica ayuda a mirar más allá del propio ombligo y tal vez con su ayuda puedas ver también el de los demás: "Eres tan feliz como tu hijo menos desgraciado". Ahí tiene usted otra enorme pista: alcanzará su bien en el que pueda usted hacer a los demás.

- Tomo cumplida nota.

Dese prisa, el final siempre está a la vuelta de la esquina. Y nunca sabes de qué esquina. Mis padres huyeron de Hitler con lo puesto cuando todo parecía tan seguro y próspero. Tal vez por eso he intentado invertir en valores que duren más que mi ego.

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Peter Kramer, psiquiatra y pionero del Prozac, entrevistado por Lluís Amiguet en "La contra" [La Vanguardia, 31 de enero].


enero 28, 2006

Segunda adolescencia

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- ¿Segunda adolescencia?

Se vive tras la llamada crisis de los 40. Es un momento de crecimiento personal en el que nos toca "separar, juzgar y dicidir".

- ¿"Separar, juzgar y decidir" el qué?

Crisis viene del verbo griego krinein, que signifia eso: separar, juzgar y decidir.

- ¿Y esa crisis nos sucede a los 40 años?

Nos pasa dos veces: en la adolescencia y en torno a los 40 años. Porque adolescente significa "el que está creciendo".

- ¿No somos adultos a los 40 años, pues?

En lo biológico, sí; en lo psicológico, no. La naturaleza salta y nos pide: "¡Completa ahora tu proceso de maduración!", ¡Crisis!.

- ¿Y qué debo hacer para madurar?

Limpia tu armario: saca lo que te sentó bien un día pero que ya no te sirve. Hábitos, relaciones, actividades... Mete sólo lo que te ilusione, más allá del qué dirán. ¡Atrévete con todo lo que sientas que te enriquece!.

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-¿Tantos asuntos pendientes tenemos?

En la primera adolescencia queremos ser aceptados: hacemos lo que se espera de nosotros. La segunda adolescencia es la ocasión de rescatar lo que tú quieres. Ahora o nunca.

- ¿Estoy en la segunda adolescencia?

Si sientes cierta incomodidad, si te planteas: "´¿Cómo quiero vivir la segunda mitad de mi vida?". Ah, y si empiezas con los nunca.

- ¿Los nunca?

"Nunca había tenido tanta resaca", "nunca me había dolido la espalda", "nunca había pesado tanto", "nunca había perdido tanto pelo", "nunca había fallado en la cama".

- Este nunca será muy deprimente...

Bueno, hay variaciones hormonales y la erección ya no es tan fácil y frecuente. Normal. Y la mujer experiementa irregularidades menstruales, sofocos, olvidos pasajeros...

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- Deme pistas para actuar correctamente.

Hazte un chequeo médico, ¡sin miedo!, y adopta un hábito saludable por año: uno, "dejo de fumar"; otro "corro media hora al día"; otro, "como más fruta"... ¡Ve sumando! Y cultiva relaciones personales estimulantes, y prepara tu futuro económico...

- Todo muy juicioso, sí señora.

Y regálate cada día un tiempito a solas, ¡y ahí cántate las verdades!

- Huy, eso será lo más difícil...

¡Nadie dijo que fuera fácil! Tu otra opción es la del avestruz..., y pasar de verde a podrido. No. ¡Para! Para y separa. Porque si no lo haces tú, lo hará la vida por tí: una enfermedad, una depresión, una pérdida...

- ¿Está amenazándome?

No, es un hecho. Si no te mueves tú, el huracán te tuma. Y más adelante te culparás por no haber tomado decisiones...

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- Oiga, ¿y habá una tercera adolescencia?

Habrá la jubilación. A partir de los 60 años cualquier opción es válida menos una: la de no hacer nada. Y para el hombre, será muy importante haber cultivado amistades, o en esa etapa se sentirá muy solo. La mujer suele mimar eso con mas cuidado...

- ¿Y por qué los hombres no lo cuidamos?

Porque el hombre se siente muy macho si aguanta a solas al trío miserias.

- ¿El trío qué?

Estrés, ansiedad y depresión. Y de tanto aguantar solito, cae en adicciones o comete agresiones o se suicida más que la mujer.

- Un buen cinturón de afectos es la vacuna.

Eso y un para qué. Un para qué en tu vida, algo que dé un sentido a todo lo que haces. Así, conozco a muchas mujeres que se han dado permiso para rescatar su vida.

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- Conviene actuar, actuar siempre, ¿no?

Decidir. Sí. Si tú no llenas tus huecos, siempre te los irá llenando desde fuera.

Deborah Legorreta, psicoterapeuta e investigadora, especialista en climaterio, entrevistada por Víctor-M. Amera en "La contra" [La Vanguardia, 28 de enero]